Capítulo
5
“La
música es la base de nuestra vida. Nos movemos en una pista de baile llamada
vida y nuestro dj es esa persona por la que haríamos cualquier cosa. Esa
sensación de tocar el cielo solo nos la puede otorgar ella, con cada nota y
cada sonido que emite. Al fin y al cabo, ¿qué somos nosotros sino unas tristes
notas emitidas por el dj de nuestros sueños?”
-
No sabía que te gustaran las
discotecas.
-
Digamos que me gusta sentirme en
otro mundo y eso es algo que solo la música puede conseguir.
Pasaron varios días hasta que tuve
coraje de llamarle y tener noticias de él. Oír su voz por teléfono era como un
calmante para mi abatido corazón. Me
gustaba sentir su presencia tan cerca, aunque en realidad no fuese así.
Después de varias conversaciones
como dos tontos enamorados le propuse quedar y así ocurrió. Lo que no pensé es
que ese lugar tan cotidiano resultara ser uno de los lugares más asombrosos que
hubiese visto en todo lo que me queda de memoria.
-
¿Y por eso me has traído aquí?
Podríamos haber ido al parque de siempre y te hubiera enseñado algunas
canciones con las que me transporto a otra tierra.-cerré los ojos por un
momento y rememoré esa canción que con su nombre en mi mente escuché la noche
anterior.
-
No es tan sencillo como eso.
-
¿Entonces?
-
Deja de preguntar y entremos.
Hice una mueca de enfado pero
finalmente le seguí hasta el interior de esa discoteca con pintas de ser poco
visitada.
No me equivocaba. Vacía sería una
definición corta para la cantidad de gente que se encontraba.
-
No hay nadie…
-
De eso se trata.-me respondió
sonriente.
-
Lo bueno de las discotecas son la
gente que hay ahí, si no hay gente…-miré hacia el suelo dejando caer lo
siguiente que iba a decir.
-
En eso te equivocas.-contestó muy
sereno.
Se dirigió hacia el estrado donde
había una pequeña zona de mezclas propia de las que tocan los dj. Cada
movimiento que hacía me intrigaba más y más. No le encontraba sentido a cómo un
chico tan misterioso como él le podía gustar un sitio tan simple como eran las
discotecas.
De pronto empezó a sonar una
canción. La discoteca empezó a temblar y yo me encontraba parada en mitad de la
pista de baile. Sentía como el suelo se movía solo, la gente empezaba a entrar
y todo el mundo gritaba una sola parte de la canción que Nicolás tocaba.
I´M IN LOVE WITH THE DJ.
Entonces me di cuenta de lo que él quería enseñarme. Cuándo dejé a mi
antiguo recuerdo en su lugar, la música también fue eliminada de mi vida y él
la estaba situando otra vez en mí. Él era el dj de mi vida y solo él me podría
hacer subir hasta el cielo con apenas oír su voz. Solo le necesitaba a él, a
nadie más.
Salté bien fuerte y me dejé llevar por esa música. Mis pies, mi cabeza,
mi corazón, mis sueños ya no estaban en este mundo. Abrí los ojos pero seguía
sin sentirme aquí. Me había transportado a otro lugar.
Y mágicamente, aparecieron todos aquellos lugares que fueron testigos de
todos los primeros momentos que vivimos. Empezando por aquel lugar en el que me
preguntó mi nombre y finalizando por ese parque tan especial. Mi razón se fugó
con ellos. Ya no era yo, era otra persona completamente distinta.
-
Bailas
muy bien.-me susurró.
-
¿No
estabas tocando tú?
-
Y
eso hago.-señaló con la cabeza hacia la zona dónde se encontraba. Sin motivo
alguno también estaba ahí.
Abrí los ojos de par en par y miraba de un lado a otro para saber si me
había vuelto loca.
-
No
te asustes, no estás loca.-me guiñó el ojo y se puso a bailar junto a mí.
Le miré de arriba abajo. Algo me hacía sentirme insegura pero no podía
parar. Cerré los ojos y seguí como hasta hace poco estaba haciendo. Las notas
se adueñaban de mi cuerpo cada vez más y yo me dejaba llevar. Estaba llena de
amor, drogada de música dance, sobresaturada de ritmo, no era dueña de mí y no
me importaba. Solo le quería a él.
Quizás fue la primera vez en la que él se convertía en dueño de mí y
claramente, no fue la última.
-
Me
tengo que ir.-dijo cortante.
-
¿Ya?-pregunté
aturdida por la música y el dolor que me producía separare de él y de su
cuerpo.
-
Sí.
-
¿Cuándo
te volveré a ver?
-
Nunca
se sabe.
Se despidió y se marchó sin dejar rastro dejándome sola en aquella
discoteca que poco a poco volvía a su estado original conforme él se alejaba de
mí.
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