“El
amor es como escuchar por primera vez tu canción favorita. Te pegas mucho
tiempo vagando por el mundo sin conocerlo, sin saber el secreto que esconde,
sin sentir ese sentimiento que posee; pero llega un día en que tus oídos
perciben esa melodía, tu razón se nubla por sus notas y a partir de entonces
solo quieres vivir el resto de tu vida escuchando esa canción.”
<<Standing in the hall of fame
And the world's gonna know your name
Cause you burn with the brightest
flame
And the world's gonna know your name
And you'll be on the walls of the
hall of fame>>
Mi canción favorita durante más de un año.
En tiempos no podía escucharla pero en aquella época volvió a
resurgir como esas hojas que nacen en los árboles después del frío invierno.
Me encontraba en el mismo parque que él me llevó. De alguna
forma me hacía sentirme cerca de él. Igual sí que me había dado algo con el que
sentirme unida a él, con lo que poder comunicarme.
Pasé muchos días en ese parque. Era como si me encontrara en
una especie de templo; mi templo, mi hogar.
Suena patético, lo sé, lo sabía, pero era la única manera que tenía de estar cerca de él.
La canción de Hall of
fame me acompañó muchos días. La música siempre fue mi fiel amiga, mi
compañera de penas, de lamentos, de dolor e incluso de mis alegrías. Era la
única capaz de hacerme subir y bajar en un momento.
Siempre he sido muy dependiente de la música y no sólo yo lo
sabía.
-
Me
alegra que ya puedas oír esa canción perfectamente.-me giré bruscamente y le
vi, a mi lado, sonriéndome como hacía constantemente en mis sueños.
-
¿A
qué te refieres?
-
A
que me alegra que por fin le hayas olvidado.
-
¿Cómo
sabes qué…?-abrí los ojos como platos y me asusté.
¿Cómo podía ser que alguien que no conocía de casi nada supiera tanto o
más de mí que yo misma?
-
Te
lo dije, tengo mis secretos.
-
Pues
empiezo a cansarme un poquito de tus secretos.-le hice una mueca.
-
No
te enfades tonta.-me acarició suavemente a la vez que yo posaba mi cabeza en
sus hombros.
Me sentía segura, protegida. Era una sensación que no experimenté nunca
antes y que no volví a sentir con otra persona. Era el todo reunido en una sola
persona y eso me preocupaba aún más.
¿Por qué tengo que sentir todo esto por alguien que ni siquiera conozco?
-
¿Cuál
es tu canción favorita?-pregunté con mucha curiosidad. Había algo aquí dentro
que necesitaba saberlo.
-
Tengo
muchas.
-
Pero
seguro que hay alguna que te gusta más que las demás.
-
Todas
me gustan mucho.
-
O
puede que alguna te haya marcado más que las otras.
-
Todas
las oí por la misma circunstancia.
-
Pero
habrá alguna con la que te sentirás más identificado, con la que has compartido
tanto alegrías como lágrimas, con la que te quedes para el resto de tu vida.
Me miró fijamente como solía hacer antes de decir alguno de sus
razonamientos filosóficos.
-
A
lo largo de una relación entre dos personas, hay una canción que las marca en
toda su historia en común. Ésa con el tiempo se acaba convirtiendo en su
canción, en su pequeño tesoro, en su secreto íntimo y en ella depositan sus
recuerdos, sus alegrías, sus sueños y sus deseos. Se podría decir que esa sería
su canción favorita. Pero cuándo por circunstancias de la vida, esa pareja se
separa, ninguno de los dos puede volver a escuchar esa canción. Los recuerdos,
las alegrías, los sueños, los deseos se rompen en mil pedazos; al igual que sus
corazones.
-
¿Qué
quieres decir con esto?
-
Claro
que todo el mundo tiene una canción favorita, un pequeño tesoro, un recuerdo
enterrado entre notas que nos llevan al cielo, pero a veces es mejor no
despertar a esa melodía que en sus tiempos tanta felicidad te dio y ahora mismo
se ve rota y pisoteada por miles y miles de lágrimas. A veces el amor es el
culpable de que odiemos una canción.
Le miré como nunca había mirado a nadie. Algo en sus palabras hizo que
mis lágrimas volvieran a resurgir. Su recuerdo perturbó mi mente una vez más.
-
Lo
siento.-susurró.
-
Yo…
no quiero que pase lo mismo, no quiero volver a odiar esa canción ni ninguna
que marque el inicio de nuestra historia.-le abracé tan fuerte que sentía como
nuestros corazones podían latir al mismo tiempo. Eran como los latidos de un
mismo ser; una persona separada en dos seres.
-
¿Recuerdas
el otro día cuándo te hablé sobre las casualidades y el destino?-me acarició
suavemente intentando calmarme.
-
Sí.
-
Te
decía que todo ocurre por algo.
-
Cierto.
-
Con
eso, aparte de decirte que lo nuestro no fue casualidad, también te quería
decir que si pasó lo que pasó con ese chico quizás fue porque no estabais
destinados a estar juntos. Tú te merecías a otro.
Nos miramos al unísono. Nuestros labios estaban más cerca que nunca y sin
embargo parecía haber un abismo entre ellos.
-
Tal
vez tengas razón.-pronuncié.
-
No
te preocupes, con el tiempo verás que siempre la tuve.-se levantó
bruscamente.-me tengo que ir.
-
¿Otra
vez? Y supongo que tampoco me darás tu número.
-
Siempre
lo tuviste.
-
¿Cómo?-me
levanté rápidamente.
-
Mira
en tú móvil y busca mi nombre.
Hice lo que me pidió y allí estaba
Nicolás….673492347
-
¿Me
lo has puesto tú?
-
Siempre
lo tuviste.
Y con esa frase se marchó rápidamente dejándome con un mar de dudas en el
interior de mi cabeza.
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