domingo, 20 de julio de 2014

Capítulo 4


“El amor es como escuchar por primera vez tu canción favorita. Te pegas mucho tiempo vagando por el mundo sin conocerlo, sin saber el secreto que esconde, sin sentir ese sentimiento que posee; pero llega un día en que tus oídos perciben esa melodía, tu razón se nubla por sus notas y a partir de entonces solo quieres vivir el resto de tu vida escuchando esa canción.”


<<Standing in the hall of fame
And the world's gonna know your name
Cause you burn with the brightest flame
And the world's gonna know your name
And you'll be on the walls of the hall of fame>>

Mi canción favorita durante más de un año.
En tiempos no podía escucharla pero en aquella época volvió a resurgir como esas hojas que nacen en los árboles después del frío invierno.
Me encontraba en el mismo parque que él me llevó. De alguna forma me hacía sentirme cerca de él. Igual sí que me había dado algo con el que sentirme unida a él, con lo que poder comunicarme.
Pasé muchos días en ese parque. Era como si me encontrara en una especie de templo; mi templo, mi hogar.
Suena patético, lo sé, lo sabía, pero era la  única manera que tenía de estar cerca de él.
La canción de Hall of fame me acompañó muchos días. La música siempre fue mi fiel amiga, mi compañera de penas, de lamentos, de dolor e incluso de mis alegrías. Era la única capaz de hacerme subir y bajar en un momento.
Siempre he sido muy dependiente de la música y no sólo yo lo sabía.

-          Me alegra que ya puedas oír esa canción perfectamente.-me giré bruscamente y le vi, a mi lado, sonriéndome como hacía constantemente en mis sueños.
-          ¿A qué te refieres?
-          A que me alegra que por fin le hayas olvidado.
-          ¿Cómo sabes qué…?-abrí los ojos como platos y me asusté.

¿Cómo podía ser que alguien que no conocía de casi nada supiera tanto o más de mí que yo misma?

-          Te lo dije, tengo mis secretos.
-          Pues empiezo a cansarme un poquito de tus secretos.-le hice una mueca.
-          No te enfades tonta.-me acarició suavemente a la vez que yo posaba mi cabeza en sus hombros.
Me sentía segura, protegida. Era una sensación que no experimenté nunca antes y que no volví a sentir con otra persona. Era el todo reunido en una sola persona y eso me preocupaba aún más.

¿Por qué tengo que sentir todo esto por alguien que ni siquiera conozco?

-          ¿Cuál es tu canción favorita?-pregunté con mucha curiosidad. Había algo aquí dentro que necesitaba saberlo.
-          Tengo muchas.
-          Pero seguro que hay alguna que te gusta más que las demás.
-          Todas me gustan mucho.
-          O puede que alguna te haya marcado más que las otras.
-          Todas las oí por la misma circunstancia.
-          Pero habrá alguna con la que te sentirás más identificado, con la que has compartido tanto alegrías como lágrimas, con la que te quedes para el resto de tu vida.
Me miró fijamente como solía hacer antes de decir alguno de sus razonamientos filosóficos.
-          A lo largo de una relación entre dos personas, hay una canción que las marca en toda su historia en común. Ésa con el tiempo se acaba convirtiendo en su canción, en su pequeño tesoro, en su secreto íntimo y en ella depositan sus recuerdos, sus alegrías, sus sueños y sus deseos. Se podría decir que esa sería su canción favorita. Pero cuándo por circunstancias de la vida, esa pareja se separa, ninguno de los dos puede volver a escuchar esa canción. Los recuerdos, las alegrías, los sueños, los deseos se rompen en mil pedazos; al igual que sus corazones.
-          ¿Qué quieres decir con esto?
-          Claro que todo el mundo tiene una canción favorita, un pequeño tesoro, un recuerdo enterrado entre notas que nos llevan al cielo, pero a veces es mejor no despertar a esa melodía que en sus tiempos tanta felicidad te dio y ahora mismo se ve rota y pisoteada por miles y miles de lágrimas. A veces el amor es el culpable de que odiemos una canción.
Le miré como nunca había mirado a nadie. Algo en sus palabras hizo que mis lágrimas volvieran a resurgir. Su recuerdo perturbó mi mente una vez más.
-          Lo siento.-susurró.
-          Yo… no quiero que pase lo mismo, no quiero volver a odiar esa canción ni ninguna que marque el inicio de nuestra historia.-le abracé tan fuerte que sentía como nuestros corazones podían latir al mismo tiempo. Eran como los latidos de un mismo ser; una persona separada en dos seres.
-          ¿Recuerdas el otro día cuándo te hablé sobre las casualidades y el destino?-me acarició suavemente intentando calmarme.
-          Sí.
-          Te decía que todo ocurre por algo.
-          Cierto.
-          Con eso, aparte de decirte que lo nuestro no fue casualidad, también te quería decir que si pasó lo que pasó con ese chico quizás fue porque no estabais destinados a estar juntos. Tú te merecías a otro.
Nos miramos al unísono. Nuestros labios estaban más cerca que nunca y sin embargo parecía haber un abismo entre ellos.
-          Tal vez tengas razón.-pronuncié.
-          No te preocupes, con el tiempo verás que siempre la tuve.-se levantó bruscamente.-me tengo que ir.
-          ¿Otra vez? Y supongo que tampoco me darás tu número.
-          Siempre lo tuviste.
-          ¿Cómo?-me levanté rápidamente.
-          Mira en tú móvil y busca mi nombre.
Hice lo que me pidió y allí estaba
                     
                                                  Nicolás….673492347

-          ¿Me lo has puesto tú?
-          Siempre lo tuviste.
Y con esa frase se marchó rápidamente dejándome con un mar de dudas en el interior de mi cabeza.


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