“Hay
algo misterioso que nos conduce a realizar cada acto que cometemos. Llámalo
destino, llámalo amor, pero nunca lo llames casualidad. Las casualidades no
existen. Siempre hay una razón por la que cada cosa tiene que ocurrir y eso es
lo único misterioso; el porqué de esa razón.”
<< Me gusta más el color
marrón castaño pero a él todos los colores le quedan genial. Los ojos… ese
color verde que tanto me obsesiona y sus labios… esos con los que sueño cada
noche… debería ponérselos más carnosos pero…>>
-
¡Gabriela!
Volví a la realidad. Ese grito
desesperado por parte de mi profesor de literatura me indicó que volvía a estar
fuera de mi mundo.
Fueron varios los días en los que
me pasaba pintando su rostro en lugar de escuchar las explicaciones de mis
queridos profesores.
Volvía a añorarle. Me costó mucho
reconocerlo pero en el fondo necesitaba contárselo a mis amigas.
-
Chicas, creo que me estoy
enamorando.-bajé la cabeza avergonzada. Notaba como clavaban la vista en mí y
me dolía pronunciar esas palabras.
-
¿No será otra vez del mismo
verdad?-preguntó una de mi grupo.
-
No, claro que no. Éste es muchísimo
mejor.-le sonreí como una tonta enamorada. Cuándo me quise dar cuenta mi mente
volvió a escaparse del mundo real para irse con su recuerdo.
-
Ten cuidado tía, no queremos que
vuelvas a sufrir.-esa frase me hizo aterrizar de nuevo.
En el fondo solo se preocupaban por
mí, cosa que yo valoraba muchísimo. Me daba miedo que me volviera a pasar lo
mismo, aunque supongo que a todas les ocurriría. Esa era mi esperanza; el
sentir que no estaba sola con ese sentimiento, con ese miedo, con esa
desesperación.
-
Y dinos; ¿quién es?-preguntó
curiosa otra amiga.
-
Se llama Nicolás y tiene diecisiete
años. Lo conocí por casualidad cuando fuimos hace unas semanas a tomar algo al
centro ¿os acordáis?
-
Espera.-me paró en seco una amiga.-
¿has dicho casualidad?
-
Sí.-afirmé sorprendida por la
interrupción.- ¿ocurre algo?
-
Un chico me ha dicho que entregara
esto a la primera persona que oyera que dice casualidad.-me ofreció su mano en
la cual se percibía una nota, como la que me encontré hace un tiempo en mi
casa.
-
¿Qué chico?-le miré con los ojos
como platos.
-
Pues uno que estaba hace unos
minutos en la entrada del instituto. Pensaba que me estaba tomando el pelo pero
luego leí la nota por si acaso y parecía que iba en serio.-me la dio al mismo
tiempo que se preparaba para hacer un comentario jocoso.-No sabía que te molaran
los videntes.
Todas rieron al unísono y he de confesar
que yo también. Tenía algo de razón en esa afirmación. Era como si leyera el
futuro y eso me hacía sospechar aún más en si era real o no.
Me despedí de todas y me dirigí
hacia un lugar más apartado para leer tranquilamente el mensaje que me había enviado.
<< Permíteme ser esa casualidad que
marque tu vida para siempre.
Sal fuera del instituto en cuanto
leas esto.
-Nicolás.-
>>
Recogí la nota entre mis libros y
me acerqué hacia dónde él me había pedido. En un abrir y cerrar de ojos pude
percibir su aroma. Era como si llevase toda la vida buscándolo y ya lo hubiese
encontrado.
Se acercó hasta a mí y me guiñó el
ojo.
-
Tan puntual como siempre.-me sonrío
con desdén.
-
¿Cómo sabías que este era mi
instituto?
-
Tengo mis secretos.
-
¿Y cómo sabías que diría la palabra
“casualidad”?
-
Porque conocernos fue una
casualidad ¿no?-me miró fijamente esperando algún tipo de respuesta
contradictoria.-me has desilusionado.
-
¿Por qué?-le miré preocupada.
-
Tú siempre me contradices. Creía
que dirías que no.-giró la vista y miró hacía el horizonte.
-
Pero si es la verdad.
-
Te equivocas, las casualidades no
existen.
-
¡Claro que existen!-exclamé- la
vida está llena de ellas.
-
A eso que tú llamas casualidad yo
lo llamo destino.
-
¿Y cuál es la diferencia?
-
Que de alguna forma u otra todos
estamos encaminados a realizar algún tipo de acción y solo el destino es capaz
de explicárnoslo.
-
¿Y cuál es la razón por la que nosotros
nos conocimos?
-
Eso tendrás que descubrirlo tú
sola.-me miró fijamente y se marchó.
-
¡Espera!-grité con todas mis
fuerzas y fui en su búsqueda.- ¿Te vuelves a ir otra vez sin darme tú numero?
-
¿Acaso me lo darías?-la misma
pregunta de las otras veces.
-
No sé.-medio mentí.
-
Vamos mejorando pero sigues
mintiendo.-me sonrío con esa sonrisa que tan loca me volvía.-me sigue gustando
todavía.
Volvió a marcharse sin darme su
número. Sin embargo algo en mi interior me decía que tendría noticias suyas muy
pronto, y no me equivocaba.
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