miércoles, 16 de julio de 2014

Capítulo 3


“Hay algo misterioso que nos conduce a realizar cada acto que cometemos. Llámalo destino, llámalo amor, pero nunca lo llames casualidad. Las casualidades no existen. Siempre hay una razón por la que cada cosa tiene que ocurrir y eso es lo único misterioso; el porqué de esa razón.”

<< Me gusta más el color marrón castaño pero a él todos los colores le quedan genial. Los ojos… ese color verde que tanto me obsesiona y sus labios… esos con los que sueño cada noche… debería ponérselos más carnosos pero…>>

-          ¡Gabriela!
Volví a la realidad. Ese grito desesperado por parte de mi profesor de literatura me indicó que volvía a estar fuera de mi mundo.
Fueron varios los días en los que me pasaba pintando su rostro en lugar de escuchar las explicaciones de mis queridos profesores.
Volvía a añorarle. Me costó mucho reconocerlo pero en el fondo necesitaba contárselo a mis amigas.

-          Chicas, creo que me estoy enamorando.-bajé la cabeza avergonzada. Notaba como clavaban la vista en mí y me dolía pronunciar esas palabras.
-          ¿No será otra vez del mismo verdad?-preguntó una de mi grupo.
-          No, claro que no. Éste es muchísimo mejor.-le sonreí como una tonta enamorada. Cuándo me quise dar cuenta mi mente volvió a escaparse del mundo real para irse con su recuerdo.
-          Ten cuidado tía, no queremos que vuelvas a sufrir.-esa frase me hizo aterrizar de nuevo.
En el fondo solo se preocupaban por mí, cosa que yo valoraba muchísimo. Me daba miedo que me volviera a pasar lo mismo, aunque supongo que a todas les ocurriría. Esa era mi esperanza; el sentir que no estaba sola con ese sentimiento, con ese miedo, con esa desesperación.
-          Y dinos; ¿quién es?-preguntó curiosa otra amiga.
-          Se llama Nicolás y tiene diecisiete años. Lo conocí por casualidad cuando fuimos hace unas semanas a tomar algo al centro ¿os acordáis?
-          Espera.-me paró en seco una amiga.- ¿has dicho casualidad?
-          Sí.-afirmé sorprendida por la interrupción.- ¿ocurre algo?
-          Un chico me ha dicho que entregara esto a la primera persona que oyera que dice casualidad.-me ofreció su mano en la cual se percibía una nota, como la que me encontré hace un tiempo en mi casa.
-          ¿Qué chico?-le miré con los ojos como platos.
-          Pues uno que estaba hace unos minutos en la entrada del instituto. Pensaba que me estaba tomando el pelo pero luego leí la nota por si acaso y parecía que iba en serio.-me la dio al mismo tiempo que se preparaba para hacer un comentario jocoso.-No sabía que te molaran los videntes.
Todas rieron al unísono y he de confesar que yo también. Tenía algo de razón en esa afirmación. Era como si leyera el futuro y eso me hacía sospechar aún más en si era real o no.
Me despedí de todas y me dirigí hacia un lugar más apartado para leer tranquilamente el mensaje que me había enviado.


<<              Permíteme ser esa casualidad que marque tu vida para siempre.
Sal fuera del instituto en cuanto leas esto.
                                                                                            -Nicolás.-                 >>


Recogí la nota entre mis libros y me acerqué hacia dónde él me había pedido. En un abrir y cerrar de ojos pude percibir su aroma. Era como si llevase toda la vida buscándolo y ya lo hubiese encontrado.
Se acercó hasta a mí y me guiñó el ojo.
-          Tan puntual como siempre.-me sonrío con desdén.
-          ¿Cómo sabías que este era mi instituto?
-          Tengo mis secretos.
-          ¿Y cómo sabías que diría la palabra “casualidad”?
-          Porque conocernos fue una casualidad ¿no?-me miró fijamente esperando algún tipo de respuesta contradictoria.-me has desilusionado.
-          ¿Por qué?-le miré preocupada.
-          Tú siempre me contradices. Creía que dirías que no.-giró la vista y miró hacía el horizonte.
-          Pero si es la verdad.
-          Te equivocas, las casualidades no existen.
-          ¡Claro que existen!-exclamé- la vida está llena de ellas.
-          A eso que tú llamas casualidad yo lo llamo destino.
-          ¿Y cuál es la diferencia?
-          Que de alguna forma u otra todos estamos encaminados a realizar algún tipo de acción y solo el destino es capaz de explicárnoslo.
-          ¿Y cuál es la razón por la que nosotros nos conocimos?
-          Eso tendrás que descubrirlo tú sola.-me miró fijamente y se marchó.
-          ¡Espera!-grité con todas mis fuerzas y fui en su búsqueda.- ¿Te vuelves a ir otra vez sin darme tú numero?
-          ¿Acaso me lo darías?-la misma pregunta de las otras veces.
-          No sé.-medio mentí.
-          Vamos mejorando pero sigues mintiendo.-me sonrío con esa sonrisa que tan loca me volvía.-me sigue gustando todavía.

Volvió a marcharse sin darme su número. Sin embargo algo en mi interior me decía que tendría noticias suyas muy pronto, y no me equivocaba.

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