domingo, 13 de julio de 2014

Capítulo 1

-          ¿Cómo te llamas?
-          Gabriela, ¿y tú?
-          Nicolás.
-          Me gusta ese nombre.
-          Me lo pusieron por mi abuelo. Él también se llamaba así.
-          ¿Se llamaba?
-          Sí. Murió hace unos meses.
-          Lo siento.
-          Todavía me duele que no esté aquí.
-          A mí también me dolería que mi abuela se fuera.
-          Los abuelos deberían ser eternos.
-          Sí.
Los dos agachamos la cabeza. Es curioso que habiéndonos conocido hace tan solo unos minutos ya hubiésemos tenido una conversación un poco profunda. Me inspiró confianza, más de la que nunca me había inspirado nadie en tan poco tiempo de conocernos.
Joven, de unos diecisiete años, pelo castaño, ojos verdes y con unos labios que llevan al borde de la locura. Ése era el que hace tan solo unos minutos se acababa de fijar en mí.
-          ¿Quieres tomar algo?
-          ¿No es demasiado pronto todavía?
-          Son solo las siete de la tarde.
-          Me refiero a que nos acabamos de conocer. Además mis amigas me están esperando.
-          Diles que se vengan también.-me sonrío pícaro. Algo en su mirada me provocó un fuego tan interno que era imposible decirle que no.
-          Si les digo que se vengan, vendrán y entonces ya no podremos hablar.-me reí. Me gustaba resistirme.
-          Pues entonces no les digas nada.
-          ¿Y si llaman a la policía porque estoy hablando con extraños?-Me miró por un momento y acabó soltando una buena risotada. – Lo digo en serio. Eres mayor que yo.
-          ¿Y eso que tiene que ver?
-          Que puedes hacerme cosas malas.
-          ¿Me lo dices de verdad?
-          No.-reí tan fuerte que se asustó.
-          Casi me lo creo.-me dio un cachete de broma.
-          De eso se trataba.-le saqué la lengua.
-          ¿Te vienes pues?
-          Vale, pero no me hagas cosas malas que tengo el móvil de la policía marcado.-me reí y él me persiguió corriendo calle abajo.
Al final me alcanzó y me agarró por la cintura para detenerme. Una pequeña sensación de felicidad recorrió todo mi cuerpo. ¿Me estaba enamorando? No puede ser, tan solo le conocía de hace diez minutos. Aunque he de reconocer que esos ojos eran capaces de volverme loca.
Me giró y algo en el tiempo se detuvo. Sentía su respiración sobre mis colorados mofletes y sus brillantes ojos deslumbrando mis corrientes ojos castaños. Mi instinto me gritaba que le besara pero había algo en mí que me lo impedía.
-          No deberías tener tantas confianzas con una desconocida.
-          Ya no eres tan desconocida.
-          Hace diez minutos lo era.
-          ¿Nunca has oído de hablar de la química?
-          Sí, es esa asignatura que junto con la física puede ser la peor pesadilla de cualquier alumno de letras.-me reí.
-          Muy graciosa eres tú.-me guiñó el ojo.- Me refiero a la que se establece entre dos personas.
-          No creo en ese tipo de cosas.
-          ¿Por qué?
-          Porque a veces esa química, como tú la llamas, es tan fuerte que acaba destruyendo a las parejas.
-          Eres la primera persona a la que oigo decir eso.
-          Quizás porque sea la primera persona que te diga la verdad.
-          O tal vez porque te niegas a aceptar que tenemos química.-puso una de esas sonrisas que haría temblar hasta a la profesora más dura de todo el instituto.
-          Nunca aceptaré algo que no existe.
-          Entonces te demostraré que en verdad sí es real.
-          ¿Cómo?
Al acabar esa frase me agarró nuevamente por la cintura y me atrajo hasta su cuerpo. Acercó sus labios hasta mi oído y me susurró algo luminoso para mi corazón:
-          Porque ambos sabemos que querrías que nuestros labios se juntaran en este mismo momento.
Me soltó y volvió a su posición original. Yo intenté evitar que mis pómulos se enrojecieran pero creo que ya era tarde.
-          No deberías creerte tan superior.
-          Y tú no deberías fingir que no se te han enrojecido los mofletes.
Me quedé inmóvil. <<Mierda>>.
-          No se me han puesto rojos.-miré al suelo avergonzada.
-          Lo que tú digas.-se río.-me voy.
-          ¿No me ibas a invitar para conocernos mejor?-pregunté sorprendida.
-          Ya sé todo lo que quería saber.
-          ¿No vas a pedirme mi número o algo?-hice un amago por detenerlo pero me di cuenta que estaba pareciendo un poco desesperada.
-          ¿Acaso me lo darías?-me miró cautivadoramente.
Dudé en si decirle la verdad. Finalmente opté por mentirle.
-          No.-retiré la vista para evitar esa mirada tan tentadora.
-          Mientes, pero me gusta.-se giró y se despidió con un gesto de su mano.
Mi vista le siguió mientras bajaba calle abajo. Sentía como mi corazón se iba junto a él.

Y al mismo tiempo que recordaba esa pequeña conversación sobre la química, yo no podía dejar de sonreír por aquellas sensaciones ya dormidas en mí que jamás creía que nadie pudiera despertar.

No hay comentarios:

Publicar un comentario